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J. Antonio García Huicochea
10 de marzo.- 1.- Quizá las maniobras para lograr control de daños, eviten un reflejo severo en la popularidad de Enrique Peña Nieto.
Astutos, como son los priístas, es factible que trasladen el costo mayor, en lo político y electoral, al Partido Acción Nacional.
Probablemente Peña Nieto seguirá puntero en las encuestas.
Pero insisto: ya le asestaron su primer gran derrota.
No se debe olvidar que la ferocidad en la reacción del presidenciable favorito, nació exactamente en el ente que afanosamente busca abortar: Una alianza entre PAN y PRD para disputarle la gubernatura en la elección local de 2011.
Un obstáculo formidable que impacta, en varios ángulos, los escenarios que ya se había construido Enrique.
Un adversario temible.
2.- Peña Nieto necesita, desesperadamente, que PAN y PRD rompan.
Por eso desató el escándalo.
Por eso exhibió el pacto que, por ser clandestino y amoral, tendría que haberse mantenido en un oscuro rincón de los sótanos de la política.
No se trató sólo de ganar esa elección clave.
Peña buscó el triunfo anticipado.
La victoria total.
La que le diera inicio al asalto final por la candidatura presidencial.
Imponer, sin problemas ni cuestionamientos, a SU candidato.
Arrasar en forma tal en el Estado de México, que no tendría por qué ceder espacios.
Con las encuestas en la mano, con las líneas de abastecimiento financiero que le garantizaría SU gobernador y reteniendo el control de la entidad, le restaría ya sólo el laurel que lo invistiera: Los Pinos.
3.- Más Enrique olvidó algo: Sus enemigos terribles están en el PRI.
Es el poder y son los priístas, repito.
El fratricidio está en ciernes.
La alianza que no ha podido romper, lo obligará ganar en el 2011, no antes.
Su candidato y el timing de la sucesión, son ahora factores sujetos al cóctel panista-perredista.
Esa es exactamente la derrota de Peña.
La alianza perrenista soportó el primer gran embate.
Pero lo intentos por romperla ya están en otros frentes.
antoniohuicochea@yahoo.com.mx

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